Y mirar adentro, en lo más profundo, y entender por qué te sientes así.
Y estar un día triste y otro radiante y reír por tonterías y tener ganas de llorar por algo que no sabes explicar, pero que a pesar de no encontrar las palabras sabes lo que es.
Inseguridad.
Inseguridad en mí misma, en lo que hago e incluso en lo que siento a veces. Hay días así, por suerte no son todos, pero tienen que existir los días raros y los días malos para poder entreabrir los ojos y comprobar que también los hay buenos y extraordinarios. Esos buenos pueden llegar a ser tan geniales que te llenan el alma y te recargan las ganas de madrugar un lunes o de aguantar una peli de tres horas en versión original.
Si me despierto y estás a mi lado, la inseguridad se me aleja un poco dejándome espacio para crear, ser yo misma y volver a confiar.
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