Aprende a llevarte bien contigo misma,
recuerda, que al fin y al cabo
sólo tú serás la persona con la que seguro
pasarás el resto de tu vida.
jueves, 29 de diciembre de 2011
martes, 27 de diciembre de 2011
Ganas de gritar
¿Qué hacer cuando las personas que te rodean no te ven, ni te escuchan ni muestran el más mínimo interés por ti?
¿Por qué la gente es tan cínica de decir que quiere tenerte cerca cuando lo que realmente quieren en tenerte controlada?
Tengo ganas de gritarle a ciertas peronas que no me apetece NADA estar cerca de ellas, pero eso supondía hacerles daño y no sería justo.
Estas navidades están siendo las más tristes de toda mi vida y no puedo culpar a los demás de ello, pero la verdad es que cada día me siento más lejos del que tengo más cerca y no me gusta sentirme así.
Me siento perdida, borrosa, fuera de lugar, ridícula, muy ridícula y sola.
¿Qué estoy haciendo mal?
¿Por qué la gente es tan cínica de decir que quiere tenerte cerca cuando lo que realmente quieren en tenerte controlada?
Tengo ganas de gritarle a ciertas peronas que no me apetece NADA estar cerca de ellas, pero eso supondía hacerles daño y no sería justo.
Estas navidades están siendo las más tristes de toda mi vida y no puedo culpar a los demás de ello, pero la verdad es que cada día me siento más lejos del que tengo más cerca y no me gusta sentirme así.
Me siento perdida, borrosa, fuera de lugar, ridícula, muy ridícula y sola.
¿Qué estoy haciendo mal?
lunes, 12 de diciembre de 2011
Emigrantes otra vez
"Giro de 180 grados. En esta década, la emigración volverá a superar a la inmigración en España. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), cada año se marcharán medio millón de personas por falta de trabajo y perspectivas. En torno al 10%, españoles".
Así empezaba el reportaje central de ayer en El País Semanal. Lo devoré en diez minutos, como si la vida se me fuera en ello. Y no podía tener mejor título "Emigrantes otra vez". Hace unas semanas leí un artículo que también hablaba del tema "Las ilusiones perdidas" de Concha Caballero. La diferencia entre uno y otro estriba en los protagonistas. Concha habla de una generación en concreto:
"No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos".
Y no puedo evitar sentirme identificada al leer esto.
En el reportaje de esta semana las caras son bien distintas, jóvenes y no tan jóvenes, familias con hijos, parejas,... hay de todo. Y es que la crisis no entiende de edades ni de sectores, se ha cebado con todos y todas. ¿Y que hacer ante esta situación? Muchos creen que lo mejor es esperar a que pase la tormenta, "aguantar como sea". Por suerte no soy la única que no está de acuerdo con esa opinión. ¿Aguantar? No sé si esa es la opción más fácil o la más dura... supongo que dependerá de la situación personal de cada uno, de los apoyos que tenga y de sus perspectivas de futuro. A mí desde luego no me vale esa opción.
Y a pesar de todo me siento afortunada por muchas cosas. Para empezar me voy porque tengo la oportunidad de irme, me voy con unos estudios (que no sé si me servirán de algo a la hora de encontrar trabajo, pero que obviamente me han servido en muchos otros aspctos de mi vida), me voy sin ninguna carga; no tengo hijos ni nadie que dependa de mi, tampoco cometí el terrible error de hipotecarme y por suerte no tengo deudas, sé que puedo volver cuando quiera y que mi familia me estará esperando con los brazos abiertos y como dice mi madre "nunca te faltará un plato de comida".
Pues bien, parece que después de todo soy hasta privilegiada. Pero lo cierto es que no me voy sólo por trabajo; la desilusión y la decepción sociopolítica que tiñe nuestro país hace que el descontento y la apatía se palpe allá donde vayas. La palabra "crisis" está ya tan desgastada como lo estamos todos los que la sufrimos y no pasa un solo día en que no escuche la frase de: "Chica no te preocupes, eso es culpa de la crisis". A veces la gente no sabe ni de lo que habla. Dentro de poco hasta el cambio climático también será culpa de la crisis. Igual hay gente a la que le gusta retozarse en la desgracia y el descontento popular, a mí desde luego NO. Me hierve la sangre escuchar tanta negatividad y desazón, no lo soporto.
Y mientras esto no cambie, aquí hay una más que se va. Podeis tomarlo como querais, algunos dirán que es una huída, otros que es lo apropiado, otros que es arriesgarse,... que cada uno haga con su vida lo que quiera, por suerte para todos y a pesar de las crisis "nuestra vida sigue siendo nuestra".
Así empezaba el reportaje central de ayer en El País Semanal. Lo devoré en diez minutos, como si la vida se me fuera en ello. Y no podía tener mejor título "Emigrantes otra vez". Hace unas semanas leí un artículo que también hablaba del tema "Las ilusiones perdidas" de Concha Caballero. La diferencia entre uno y otro estriba en los protagonistas. Concha habla de una generación en concreto:
"No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos".
Y no puedo evitar sentirme identificada al leer esto.
En el reportaje de esta semana las caras son bien distintas, jóvenes y no tan jóvenes, familias con hijos, parejas,... hay de todo. Y es que la crisis no entiende de edades ni de sectores, se ha cebado con todos y todas. ¿Y que hacer ante esta situación? Muchos creen que lo mejor es esperar a que pase la tormenta, "aguantar como sea". Por suerte no soy la única que no está de acuerdo con esa opinión. ¿Aguantar? No sé si esa es la opción más fácil o la más dura... supongo que dependerá de la situación personal de cada uno, de los apoyos que tenga y de sus perspectivas de futuro. A mí desde luego no me vale esa opción.
Y a pesar de todo me siento afortunada por muchas cosas. Para empezar me voy porque tengo la oportunidad de irme, me voy con unos estudios (que no sé si me servirán de algo a la hora de encontrar trabajo, pero que obviamente me han servido en muchos otros aspctos de mi vida), me voy sin ninguna carga; no tengo hijos ni nadie que dependa de mi, tampoco cometí el terrible error de hipotecarme y por suerte no tengo deudas, sé que puedo volver cuando quiera y que mi familia me estará esperando con los brazos abiertos y como dice mi madre "nunca te faltará un plato de comida".
Pues bien, parece que después de todo soy hasta privilegiada. Pero lo cierto es que no me voy sólo por trabajo; la desilusión y la decepción sociopolítica que tiñe nuestro país hace que el descontento y la apatía se palpe allá donde vayas. La palabra "crisis" está ya tan desgastada como lo estamos todos los que la sufrimos y no pasa un solo día en que no escuche la frase de: "Chica no te preocupes, eso es culpa de la crisis". A veces la gente no sabe ni de lo que habla. Dentro de poco hasta el cambio climático también será culpa de la crisis. Igual hay gente a la que le gusta retozarse en la desgracia y el descontento popular, a mí desde luego NO. Me hierve la sangre escuchar tanta negatividad y desazón, no lo soporto.
Y mientras esto no cambie, aquí hay una más que se va. Podeis tomarlo como querais, algunos dirán que es una huída, otros que es lo apropiado, otros que es arriesgarse,... que cada uno haga con su vida lo que quiera, por suerte para todos y a pesar de las crisis "nuestra vida sigue siendo nuestra".
viernes, 9 de diciembre de 2011
Cambios
Han pasado 6 meses desde mi última entrada, 6 meses llenos de cambios, muchos cambios que nunca pensé podrían darse en tan poco tiempo. Y a pesar de todo sigo aquí, de pie, afrontando cada paso, cada decisión tomada por mi "yo anterior". Decisiones de las que no me arrepiento pero que sí hacen que mi cabeza sea un hervidero incesante de pensamientos, dudas, miedos, ilusiones, proyectos...
El camino no es fácil, a cada paso los obstáculos se hacen más duros y peligrosos y me hacen plantearme tantas cosas que una no puede evitar de vez en cuando tener que parar y poner los pies en la tierra para ver en qué punto estamos hoy y ahora.
"Arriesga, no tienes nada que perder", es lo que todos dicen. Pero no es cierto, siempre existe el riesgo de perder algo, sobre todo y lo más peligroso, perder la ilusión.
Qué triste de aquel que vive sin ilusiones, sin esperanzas, sin motivación en la vida. Creo que a mi nunca me pasó. Sí que hubo momentos de derrumbe, pero en seguida me he impuesto la tarea de recomponerme lo antes posible, de seguir adelante, de luchar y creer que aquellas cosas en las que fallé o me fallaron tienen un sentido, que todo pasa por algo. Eso no significa que no haya tenido ganas de abandonarme, claro que las tuve, muchas veces, pero hay una parte de mí, la parte rígida, la que toma las decisiones, la racional, que siempre saca fuerzas de donde ya no queda nada para darme un último aliento y ofrecerme otra perspectiva, esa que a veces perdemos, que a veces nos ciega.
Y cuando una ya se ha "recompuesto" y está lista para seguir y enfrentar todo lo que llegue, apareces y me desnudas, me dejas con el corazón al aire, más vulnerable que nunca y empiezo a preguntarme si no seré yo la que busca exponerse al dolor y a la decepción, si no será que busco lo imposible y que cuanto más grande sea la caída más subiré la próxima vez. Porque lo que está claro es que nunca dejaré que nadie me diga lo que puedo y no puedo hacer. Eso sólo podré descubrirlo por mí misma.
Y mientras tanto aquí sigo, tejiendo una red de sueños que al principio parecían imposibles pero que cada día se van haciendo más reales y al mismo tiempo más "ideales". El miedo está, existe y no se aleja demasiado. El miedo a veces me despierta a media noche para recordarme que no estás y que aún queda mucho para que llegue ese día, el día en que te vea, te toque y te huela. El día en el que la espera cobre sentido. Y aunque ese día lo he imaginado de mil maneras diferentes, puede que la realidad no sea tan "ideal", puede que tú no seas tú o que yo no sea yo y caigamos en la decepción de habernos aferrado a algo tan abstracto como es esto que tenemos.
Tan abstracto y tan hermoso al mismo tiempo.
El camino no es fácil, a cada paso los obstáculos se hacen más duros y peligrosos y me hacen plantearme tantas cosas que una no puede evitar de vez en cuando tener que parar y poner los pies en la tierra para ver en qué punto estamos hoy y ahora.
"Arriesga, no tienes nada que perder", es lo que todos dicen. Pero no es cierto, siempre existe el riesgo de perder algo, sobre todo y lo más peligroso, perder la ilusión.
Qué triste de aquel que vive sin ilusiones, sin esperanzas, sin motivación en la vida. Creo que a mi nunca me pasó. Sí que hubo momentos de derrumbe, pero en seguida me he impuesto la tarea de recomponerme lo antes posible, de seguir adelante, de luchar y creer que aquellas cosas en las que fallé o me fallaron tienen un sentido, que todo pasa por algo. Eso no significa que no haya tenido ganas de abandonarme, claro que las tuve, muchas veces, pero hay una parte de mí, la parte rígida, la que toma las decisiones, la racional, que siempre saca fuerzas de donde ya no queda nada para darme un último aliento y ofrecerme otra perspectiva, esa que a veces perdemos, que a veces nos ciega.
Y cuando una ya se ha "recompuesto" y está lista para seguir y enfrentar todo lo que llegue, apareces y me desnudas, me dejas con el corazón al aire, más vulnerable que nunca y empiezo a preguntarme si no seré yo la que busca exponerse al dolor y a la decepción, si no será que busco lo imposible y que cuanto más grande sea la caída más subiré la próxima vez. Porque lo que está claro es que nunca dejaré que nadie me diga lo que puedo y no puedo hacer. Eso sólo podré descubrirlo por mí misma.
Y mientras tanto aquí sigo, tejiendo una red de sueños que al principio parecían imposibles pero que cada día se van haciendo más reales y al mismo tiempo más "ideales". El miedo está, existe y no se aleja demasiado. El miedo a veces me despierta a media noche para recordarme que no estás y que aún queda mucho para que llegue ese día, el día en que te vea, te toque y te huela. El día en el que la espera cobre sentido. Y aunque ese día lo he imaginado de mil maneras diferentes, puede que la realidad no sea tan "ideal", puede que tú no seas tú o que yo no sea yo y caigamos en la decepción de habernos aferrado a algo tan abstracto como es esto que tenemos.
Tan abstracto y tan hermoso al mismo tiempo.
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