"Giro de 180 grados. En esta década, la emigración volverá a superar a la inmigración en España. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), cada año se marcharán medio millón de personas por falta de trabajo y perspectivas. En torno al 10%, españoles".
Así empezaba el reportaje central de ayer en El País Semanal. Lo devoré en diez minutos, como si la vida se me fuera en ello. Y no podía tener mejor título "Emigrantes otra vez". Hace unas semanas leí un artículo que también hablaba del tema "Las ilusiones perdidas" de Concha Caballero. La diferencia entre uno y otro estriba en los protagonistas. Concha habla de una generación en concreto:
"No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos".
Y no puedo evitar sentirme identificada al leer esto.
En el reportaje de esta semana las caras son bien distintas, jóvenes y no tan jóvenes, familias con hijos, parejas,... hay de todo. Y es que la crisis no entiende de edades ni de sectores, se ha cebado con todos y todas. ¿Y que hacer ante esta situación? Muchos creen que lo mejor es esperar a que pase la tormenta, "aguantar como sea". Por suerte no soy la única que no está de acuerdo con esa opinión. ¿Aguantar? No sé si esa es la opción más fácil o la más dura... supongo que dependerá de la situación personal de cada uno, de los apoyos que tenga y de sus perspectivas de futuro. A mí desde luego no me vale esa opción.
Y a pesar de todo me siento afortunada por muchas cosas. Para empezar me voy porque tengo la oportunidad de irme, me voy con unos estudios (que no sé si me servirán de algo a la hora de encontrar trabajo, pero que obviamente me han servido en muchos otros aspctos de mi vida), me voy sin ninguna carga; no tengo hijos ni nadie que dependa de mi, tampoco cometí el terrible error de hipotecarme y por suerte no tengo deudas, sé que puedo volver cuando quiera y que mi familia me estará esperando con los brazos abiertos y como dice mi madre "nunca te faltará un plato de comida".
Pues bien, parece que después de todo soy hasta privilegiada. Pero lo cierto es que no me voy sólo por trabajo; la desilusión y la decepción sociopolítica que tiñe nuestro país hace que el descontento y la apatía se palpe allá donde vayas. La palabra "crisis" está ya tan desgastada como lo estamos todos los que la sufrimos y no pasa un solo día en que no escuche la frase de: "Chica no te preocupes, eso es culpa de la crisis". A veces la gente no sabe ni de lo que habla. Dentro de poco hasta el cambio climático también será culpa de la crisis. Igual hay gente a la que le gusta retozarse en la desgracia y el descontento popular, a mí desde luego NO. Me hierve la sangre escuchar tanta negatividad y desazón, no lo soporto.
Y mientras esto no cambie, aquí hay una más que se va. Podeis tomarlo como querais, algunos dirán que es una huída, otros que es lo apropiado, otros que es arriesgarse,... que cada uno haga con su vida lo que quiera, por suerte para todos y a pesar de las crisis "nuestra vida sigue siendo nuestra".
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