Han pasado 6 meses desde mi última entrada, 6 meses llenos de cambios, muchos cambios que nunca pensé podrían darse en tan poco tiempo. Y a pesar de todo sigo aquí, de pie, afrontando cada paso, cada decisión tomada por mi "yo anterior". Decisiones de las que no me arrepiento pero que sí hacen que mi cabeza sea un hervidero incesante de pensamientos, dudas, miedos, ilusiones, proyectos...
El camino no es fácil, a cada paso los obstáculos se hacen más duros y peligrosos y me hacen plantearme tantas cosas que una no puede evitar de vez en cuando tener que parar y poner los pies en la tierra para ver en qué punto estamos hoy y ahora.
"Arriesga, no tienes nada que perder", es lo que todos dicen. Pero no es cierto, siempre existe el riesgo de perder algo, sobre todo y lo más peligroso, perder la ilusión.
Qué triste de aquel que vive sin ilusiones, sin esperanzas, sin motivación en la vida. Creo que a mi nunca me pasó. Sí que hubo momentos de derrumbe, pero en seguida me he impuesto la tarea de recomponerme lo antes posible, de seguir adelante, de luchar y creer que aquellas cosas en las que fallé o me fallaron tienen un sentido, que todo pasa por algo. Eso no significa que no haya tenido ganas de abandonarme, claro que las tuve, muchas veces, pero hay una parte de mí, la parte rígida, la que toma las decisiones, la racional, que siempre saca fuerzas de donde ya no queda nada para darme un último aliento y ofrecerme otra perspectiva, esa que a veces perdemos, que a veces nos ciega.
Y cuando una ya se ha "recompuesto" y está lista para seguir y enfrentar todo lo que llegue, apareces y me desnudas, me dejas con el corazón al aire, más vulnerable que nunca y empiezo a preguntarme si no seré yo la que busca exponerse al dolor y a la decepción, si no será que busco lo imposible y que cuanto más grande sea la caída más subiré la próxima vez. Porque lo que está claro es que nunca dejaré que nadie me diga lo que puedo y no puedo hacer. Eso sólo podré descubrirlo por mí misma.
Y mientras tanto aquí sigo, tejiendo una red de sueños que al principio parecían imposibles pero que cada día se van haciendo más reales y al mismo tiempo más "ideales". El miedo está, existe y no se aleja demasiado. El miedo a veces me despierta a media noche para recordarme que no estás y que aún queda mucho para que llegue ese día, el día en que te vea, te toque y te huela. El día en el que la espera cobre sentido. Y aunque ese día lo he imaginado de mil maneras diferentes, puede que la realidad no sea tan "ideal", puede que tú no seas tú o que yo no sea yo y caigamos en la decepción de habernos aferrado a algo tan abstracto como es esto que tenemos.
Tan abstracto y tan hermoso al mismo tiempo.
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