martes, 8 de octubre de 2013

Encrucijada

APOSTAR

Seguir creyendo que la vida vale la pena a pesar de todo y de todos. Apostar a empezar una vida nueva a los 27 años es una decisión que no se puede tomar a la ligera, y no creo que fuera una decisión fácil, pero la tomé y ahora hay que asumir las consecuencias de esa decisión.

SENTIR

... que tus pilares más importantes se están viniendo abajo y cada día que pasa estoy más y más triste. Es la desazón acompañada de tristeza y de soledad. Pero soledad no de estar sola, sino de sentirse sola. De mirar alrededor y no encontrar esa mirada de complicidad que antes había. Esa única mirada de la que una puede sostenerse porque el resto de seres queridos no están cerca.

LÁGRIMAS

... que se acumulan y no dejan espacio para ser yo misma, para sonreír como lo hacía antes, para decirle al mundo ¡ Eh, estoy acá llena de vida y de ganas de seguir luchando! Una vez alguien me dijo que la tristeza es el sentimiento más profundo, que es la capa que más nos cuesta sacar cuando algo duele. Y ahora siento que sin quererlo ni darme apenas cuenta ha salido a relucir sin que nadie la invitara.

PROYECTAR

¿Acaso es malo proyectar en la vida? Es decir, proyectar cosas reales, tangibles, esas cosas que uno desea y que creen que pueden llegar a pasar, no utopías. Proyectar la vida contigo, no haciendo planes a muy largo plazo, pero si de a medio y a veces soñando ¿por qué no?

APRENDER

... a estar sola, a no depender de nadie emocionalmente, a no necesitar la mirada de aprobación del otro.  ¿Será que al final la vida te obliga de algún modo a crear esa coraza? Es posible que lo normal después  de todos los tropiezos y desilusiones de mi vida una hubiese tenido que crearla a la fuerza, ¿por qué no lo hice entonces? ¿Por qué siempre acabo olvidando todo lo malo? ¿Por qué mi memoria selectiva es además perezosa? ¿Que viene después de esto?

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